“Una mujer de 86 años me dijo que se enamoró de mí”

De traje oscuro y anteojos negros, aparece Adrián Navarro en el bar de Telefé, donde graba “Secretos de amor”. Saluda presentándose con su nombre de pila como si quien tuviera enfrente ignorara quién es; o quizás lo hace con la intención de expresar humildad, un ejercicio que habrá tenido que practicar con frecuencia durante los últimos dos años, cuando su cara y nombre se popularizaron vertiginosamente.

Vive en San Telmo, y todos los días atraviesa la ciudad para llegar a Martínez y grabar durante 9 ó 10 horas.

Con el look notero de “Caiga Quien Caiga” almuerza su pechuga de pollo grillé con ensalada y explica por qué a veces da la sensación de ser agrandado. “Tal vez doy una imagen de distante en un principio. Si no conozco a la gente no soy muy confianzudo. Después no, si tengo onda y buena relación ya cambia todo. Me parece que genero eso de que parezco mala onda al principio. Hay gente que va saludando a todo el mundo como si se conocieran de toda la vida, yo no soy así”.

–Pero desde la gran explosión de “Vidas robadas” imagino que por la calle la gente se acercará mucho más. ¿Cómo lo maneja?

–Bien, la gente se acerca prudentemente, y el que no se acerca prudentemente nota que hay una distancia mucho más firme, entonces a los segundos se da cuenta de que no nos conocemos. Pero tengo muy buena relación con la gente, soy un agradecido, la gente también hizo posible que yo esté donde estoy, ocupando el lugar de trabajo que estoy ocupando.

–¿En qué momento de su vida empezó a soñar con esto?

–Desde muy chiquito, desde que tenía 13, 14 años. Cuando era pibe jugaba mucho con un grupete de amigos, hacíamos una representación de “El chavo del 8” y me divertía mucho.

–¿A quién interpretaba?

–A “Quico”. La verdad es que me divertía muchísimo. Cuando era pibe miraba “Bonanza” y jugaba al western, y hacíamos caballos con escobas y secadores de piso.

–Pero el juego es cosa típica de un chico. ¿En qué momento lo empezó a ver como un medio de vida?

–En ese momento pensaba en querer ser actor, en jugar. Empecé a pensar en vivir de esto cuando era más grande, a los 18, 20 años, cuando empecé a trabajar de otras cosas que no me gustaban. Hice mil cosas, lo necesitaba, era el día a día. Siempre pensé el trabajo como el día a día, si me alcanzaba para vivir estaba bien, no pretendía otra cosa. Igual, el sueño se me postergó durante muchos años, porque empecé a vivir de esto a los 32 años.

–¿Y en ese tiempo no pensó en largar todo de una vez, darse por vencido?

–Lo llegué a pensar en un momento. Hacía bolos, pero no podía vivir de eso como pretendía, y no estaba satisfecho. Desde los 20 hasta los 30 hice eso y ya estaba buscando otra cosa, necesitaba explorar y expresarme con continuidad, cosa que no me estaba pasando. Y a los 32 años tomé la determinación de darme un tiempo, y si no dedicarme otra cosa. Porque pretendía vivir, y vida hay una sola, entonces uno se muere y ya está. Dije. “si a los 35 no estoy trabajando con continuidad en esta profesión, me voy a dedicar a otra cosa”.

–¿A qué?

–Había pensado en estudiar algo, meterme en alguna empresa y crecer, pero estaba agarrado con pinzas porque no era un deseo. Claramente apunté los cañones hacia mi objetivo y ahí fui, y el deseo fue mucho más fuerte que cualquier otra cosa. Y creo que me llegó en un buen momento de mi vida el cambio, que fue cuando realmente decidí ir detrás del deseo y lo puse adelante, y lo seguí hasta que lo encontré; y lo encontré en poco tiempo después de tomar esa determinación, porque me fui a España a hacer una obra de teatro a los 31, y ahí me llamaron por teléfono para hacer una audición para hacer a Juan Duarte. Y a partir de ese momento mi vida profesional cambió, y mi vida en lo personal también cambió.

–¿Ya estaba casado?

–Sí.

–Hubo un apoyo familiar importante entonces.

–Sí, mucho, yo creo que sin el apoyo de mi familia, de mis hijos y de mi mujer, no hubiese podido ir con tanta perseverancia detrás de ese deseo.

–¿Sus padres lo apoyaron de la misma forma cuando de chico andaba con la idea de ser actor?

–Mis viejos, en ese momento, minimizaban mucho el tema. Mi papá me decía que tenía que estudiar una carrera, y que eso era un hobbie. Mi vieja, tal vez, tenía más entusiasmo. Nunca fueron contra tampoco, pero para mi viejo era más “andá a laburar”.

–¿Es verdad que de chico quería ser galán?

–Sí, pero yo quería eso a los 14 años. Cualquier chico de 14, 15 años lo que quiere es ser el galán, el protagonista en su colegio, en su vida, y que las chicas te miren. Era parte del deseo de un adolescente.

–Quería ser un galán en la vida entonces, no como actor. Quería ganar mujeres.

–Sí, claro. Por eso, el deseo era por eso. Y, obviamente, que los objetivos, a medida que uno va creciendo, van cambiando afortunadamente, tiene que ver con el crecimiento. Si seguís teniendo el mismo objetivo a los 40 que a los 14 es que algo no está funcionando bien.

–¿Y ahora le molesta el rótulo de galán?

–No, porque es un personaje, es parte del juego.

–Pero estigmatiza. A Pablo Echarri se le dice galán e hizo cosas como “The Pillowman”.

–Creo que galán se le dice a todos aquellos tipos que generan algo en las mujeres. No necesariamente tiene que ser lindo, si no mirame a mí.

–Se lo dice a una periodista mujer. ¿Qué tengo que contestar?

–Pero no, es cierto. Me parece que tiene que ver con eso, con lo que uno genera. Entonces, a partir de eso pasás a ser galán o no. El galán me parece que es el que genera esa euforia en el mundo femenino.

–Y usted sabe de eso. Ahora que seduce a Soledad Silveyra en la ficción, ¿ha notado una reacción en las mujeres de más de 50?

–Mis amigos, antes me decían que mi target era el de las mujeres mayores. Y ahora, cada mujer que me encuentro en la calle me dice: “me encantaría ser Soledad Silveyra”. Me parece muy divertido que puedan expresarse así. No es lo mismo que una chica de 20 años te diga un piropo, a que te lo diga una mujer de 60, 70 u 80.

–¿Le ha dicho un piropo una mujer de 80 años?

–Una mujer de 86 años me dijo que se enamoró de mí y fue precioso.

–Cada guión es un universo nuevo. Cuando hizo “Montecristo” reconoció que se dio cuenta de que estaba algo desinformado en relación a la dictadura militar. ¿Qué cosas se dio cuenta que no sabía?

–Muchas. Uno conoce muchas cosas, pero no en profundidad. Entonces, a veces un personaje te obliga a ponerte a leer cosas que naturalmente no leerías. Y con “Montecristo” me he encontrado con cosas que me parecen una aberración, cosas que me sorprendieron. Y que hoy, teniendo el conocimiento de eso, no me sorprenden tanto. No es nada sorpresivo. Animales, hijos de puta, era de esperar.

–Y con “Vidas robadas” se adentró en otra cruda realidad.

–Otra vez una aberración espantosa. Yo sabía que sucedía eso; ahora, así como lo empecé a ver, no. Se te paraliza el cuerpo. El caso de Susana Trimarco y tantos otros millones de casos que no son públicamente conocidos.

–¿Necesita pasar del papel de “Dante” en “Vidas robadas” al de “Manuel” en “Secretos de amor” para relajarse un poco?

–Te da un poco de aire. De todos modos, si me preguntás y si tengo la posibilidad de elegir, prefiero hacer cosas con compromiso social. Es mucho más interesante al trabajo agregarle el plus de que estás colaborando y ayudando a concientizar a recuperar gente que no se encuentra, a que la gente se dé cuenta de que la ficción nunca supera a la realidad, y que esto es una mínima parte de lo que sucede.

–Parece estar en la plenitud de su carrera. ¿Cómo se siente con sus 40 años?

–Bárbaro.

–¿No le agarraron las ganas de comprarse el descapotable?

–No, no sé, no sé. Capaz mi hijo quiere un auto (risas). La verdad es que no me afecta. Estoy en la mitad de mi vida, yo me siento muy bien con lo que me pasa.

–¿Cómo se ve de acá a 20 años?

–Más grande.

–¿Y actoralmente?

–Ahora te puedo decir cómo quiero estar hoy, que es trabajando. Hoy quiero trabajar. Y de acá a un año, trabajar. Y de acá a 20, trabajar.

–¿Afuera?

–Sí, por qué no. De hecho, estuve haciendo unas películas en España.

–España, no Hollywood.

–Pero para ir a Hollywood tenés que hablar inglés perfectamente.

-Hoy no es un objetivo, tal vez en algún momento. Pero no hoy. Ojo, si me pagan 30 palos verdes aprendo inglés en dos días (risas).

Fuente: 7 Dias

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