“Trabajar en los medios me quitó la inocencia”

Hippie, excéntrica, bella, anticapitalista. Desde su llegada a las lides de lo mediático, Mónica Antonópulos concitó todo tipo de calificativos, y pareció esforzarse en dejar clara su procedencia popular. El destino, y su fisic du rol permitieron que comenzara su carrera realizando un spot publicitario de cerveza, al que siguieron participaciones en programas televisivos como “El ojo cítrico” y “Sin código”. Hasta que en enero de 2007 explotó su perfil sensual en la portada de “Playboy”. Miles de hombres agradecidos, pero ella quería más. Y aunque demoró un año en llegar el protagónico junto a Facundo Arana en “Vidas robadas”, representó un punto de inflexión en su trayectoria actoral. “Fue muy fuerte en todo sentido, por lo jugadas de las historias, por el compromiso que nos llevó a tomar a todos los que la hicimos y, en lo personal, por las críticas que me hicieron sin ver el primer capítulo”, recuerda hoy, muy relajada, sin proyectos a la vista.

Tan dúctil con tacos como en jeans y zapatillas, las poses la delatan. Antonópulos es la típica femme fatale bonaerense. Tal vez por eso Gastón Pauls pensó en ella para protagonizar la miniserie “Conurbano”, en eso estaba la actriz, hasta que se enteró que todo quedaba en punto muerto porque Rosstoc, la productora de Pauls bajaba la persiana por falta de liquidez. “Fue un golpe, por todos los que estábamos involucrados en el proyecto; yo me negué a hacer una película porque me entusiasmé con este proyecto, y al final me quedé sin el pan y sin la torta”, nos relata, aunque algunos de sus colegas cuentan con que el proyecto se haga.

¿Cree que “Conurbano” será reflotado por otra productora?

No lo sé, pero prefiero no esperar más. Decir que uno está a la espera implica generar inquietudes que no son saludables.

¿Por qué?

Porque si creés que eso va a pasar, vivís pendiente del teléfono, de que te llamen, y es un garrón. He aprendido a no estar a la espera, y que las cosas pasen.

¿Habían firmado algo?

No, tuve reuniones y estaba todo acordado de palabra. Es una situación angustiante para mucha gente. Estas cosas son un poco parte de este trabajo. Tampoco quiero hablar como si fuera el ombligo del mundo, esto ocurre en otros ámbitos, también, pero al tener nuestra exposición se magnifica.

¿Cómo supo que el proyecto se frenaba?

Recibí un mensaje de Gastón (Pauls) en mi contestador. Es un poco desprolijo, pero creo que fue porque se encontraron con una situación que los superó.

¿Cómo lidia con la falta de certeza laboral?

Tratando de no magnificarlo, ni desesperar. Hay mucha gente a la que le pasa. Además, yo creo eso de que cuando un proyecto se cae, sale algo mejor. Eso es algo que también aprendí con la actuación, uno con el tiempo analiza y ve que lo que vino fue mejor.

¿Y mientras tanto qué se hace?

¡Soy hiperactiva! Eso juega en contra, pero fui encontrando otras cosas que cuando estoy laburando no puedo hacer. Y como no puedo con mi genio… ¡hago todo junto! Expresión corporal, estudiar teatro, danza contemporánea, un taller literario.

¿Apuesta al best seller?

¿Por qué no? (risas), ¡no! Hago el taller sin más pretensión que compartir mis ideas con gente que no me va a juzgar. Me divierte ese espacio de creación, de volar sin presiones, como cuando era chica.

Suena a crear sin padecer…

Es disfrutar del aprendizaje, sin culpa. Es todo un trabajo. Igual para mí “Herencia de amor” terminó hace un montón.

¿Cuesta creer que una persona tan activa se banque no trabajar?

Me fui de vacaciones sola a Europa. Eso significa que apagué el celular, no vi emails. ¡Nada, nada!

¿Ni un llamado telefónico?

¡Olvidate! La llamada me salía carísima. Además, quería viajar lejos para que nadie me conociera. Me encantó caminar por Francia tranquila, porque ahí la gente no te mira.

¿Y qué problema tiene con que la miren?

Es que en la Argentina somos más mirones, casi al límite. A veces pasás por al lado de alguien y te hace un paneo violento, es intimidante. Al ser público eso se potencia, entonces estoy tomando un café y la gente murmura, a veces me dan ganas de decirles: “¡Sí, soy yo!”. En Francia podría haberme lastimado en plena calle y la gente no lo hubiera notado. Necesitaba esto, era un tiempo en el que quería estar acompañada, conmigo.

El corte de pelo y su necesidad de reencontrarse deberíamos esperarlo para la crisis de los 30, usted está lejos de eso… ¿O no?

¡Y no sé, tal vez se adelantó dos años! (risas), porque saqué unos muertos del placard. Pero es verdad lo del pelo, pocos hombres entienden la importancia del cambio, y una termina diciéndoles: “mi amor, dejame que me corte el pelo porque si no te voy a clavar un cuchillo. Te conviene, salvo que quieras que te corra por toda la casa”(risas).

¿Y su novio Coraje Ávalos entendió?

¡Claro, es buen entendedor! No hacía falta mucho más. Además, hace rato que quería dejar esa cosa estereotipada de mujer de pelo largo, que todo el mundo reclama. ¡No quería parecerme a las chicas de propaganda de champú!

¿Por qué tantos cambios?

Estoy en un momento de mi vida en que me hago miles de preguntas. Algunos pueden creer que es por burguesa o por mi generación. Me gustaría hacerme menos preguntas, por lo menos una tarde (risas). Soy de cuestionarme mucho esta profesión, porque si bien disfruto de trabajar, sé que tiene muchas contradicciones.

También exige una exposición mediática elevada. ¿Cómo convive con esa parte del trabajo?

Sé lo que no me gusta y no me obligo. Aprendí a poner límites y a decir que no, eso incluye a los productores de los proyectos en los que me sumo. Todo te roza, pero mientras uno se nutre y busque cosas para crecer, no te llega, y ojo que no quiero parecer snob, sino que creo que mientras entiendas y disfrutes las pequeñas cosas lo otro lo “surfeas”.

¿Hacerlo resulta tan fácil como decirlo?

¡De ninguna manera, no soy Batichica! (risas). Cuando empecé veía que la gente me miraba y me hablaba, tan amable y decía: “mirá que buena onda”, pero después veía que muchos no lo eran sinceramente, entenderlo es crecer. Estoy en este momento bisagra, o bizarro, trabajar en tele me quitó la inocencia, lo que no permito es que me arruinen la espontaneidad. Ahora cuando alguien me mira lindo, analizo, muchas veces esa misma chica me pone el piecito para que se me rompa la boca. En un punto, este ambiente es una jauría porque está todo hecho para eso.

Procesos y poner el cuerpo. Todo parece en ella regido por esas ideas. Hoy es su corte de pelo, pero allá por 2009, la actriz decidió que quería sacarse los implantes mamarios. No fue fácil que productores como Enrique Estevanez lo asumieran. Él le dijo alguna vez: “si te sacás las tetas no laburás más”, preocupado. Lejos del interés estético y mientras sueña en voz alta con un proyecto de teatro que autogestionará con unas amigas, espera que lleguen propuestas nuevas. No parece interesada en las críticas o en meterse al submundo mediático, “Una vez sola escuché mi nombre en un programa de chimentos, es algo que me tiene sin cuidado”, explica. Luego, cuando dice que prende la televisión solamente para ver películas, queda claro que la inmediatez de los eventos de prensa y las avant première tumultuosas, no son lo suyo.

La criticaron bastante cuando empezó en “Vidas robadas”. ¿Qué les dice a esos periodistas ahora?

En ese momento no entendía tanta maldad, ahora me río. A muchos les molestaba no saber de dónde había salido. A mí, criticarme en ese momento era muy fácil, ¿quién me iba a defender? Hoy los veo por la tele y digo: “¿y, por qué no te animás ahora?”.

¿Algunos dicen que es hippie porque no usa perfumes importados y joyas?

Sí, lo escuché, ¡los hippies me deben querer trompear! Sólo en este ambiente yo puedo ser una hippie. Muchachos, creo tener una vida suficientemente burguesa como para no serlo.

¿Cómo ve los próximos meses laborales?

Estoy en un momento para hacer teatro, soy puro power, con mucha adrenalina. Una sola vez hice teatro, “Extraña pareja”, y me encantó. Y ahora me doy cuenta de que lo disfrutaría mucho, porque en las clases de teatro me pasa que cuando voy a hacer una escena me dan ganas de mear, divinas. Es como saber que estás a punto de salir, eso es lindo.

¿Cómo elije un proyecto?

Cuando veo un libro que me gusta, no lo leo hasta que me confirman que lo hago. Porque me enamoro de las cosas, cuando eso ocurre lo quiero ya, y me duele si me lo sacan. Así que estoy trabajando un poco el tema de enamorarme tanto. ¡Si quiere, que me venga a buscar! (risas).

Momento, ¿hablamos de guiones o de hombres?

Es todo lo mismo para mí (risas). El trabajo también representa amor apasionado, y es un gran problema porque no puedo verlo como negocio.

Estimo que para eso contrató un buen representante…

¡Obvio! Si no tuviera alguien que peleara por mi laburo estaría en un problema muy grande. Todo pasa por el cuerpo, cuando estoy con un proyecto, lo vivo como un estado de enamoramiento total, por eso no me quiero enamorar tan rápido, deprimiendo y llorando porque ese amor me dejó.

¿Y en el amor de pareja es igual?

Definitivamente. Estoy tratando de aprender a no poner el cuerpo de este modo, porque no me va a bancar mucho más. Pero termina siendo un problema porque no tengo equilibrio en estos menesteres, si te quiero te quiero y si estás conmigo estás conmigo hasta donde sea. Estoy trabajando el temita de los puntos medios.

¿Por ejemplo?

Pregunto más, aprendí a decir que “sí” y que “no”, la cuestión de los límites la tengo pendiente. Este es un tiempo en el que descubrí que las personas tienen muchas más respuestas de las que creía, solo tengo que preguntar. Eso es vital, porque me enojo menos.

¿Se enojaba mucho antes?

Explotaba, y soy muy mala cuando me enojo; una vez un chico me dijo: “ojos de águila asesina”, y al tiempo entendí que me desencajaba un poco. Cuando quiero soy la peor, como “Kill Bill”.

Mmm, ¿prefiere ser la buena o la mala de la película?

Ambas, si no son lineales. Me gustaría hacer de mala y que la gente diga: “tiene cara de mala”, porque se creen lo que hago. O una buena, pero grosa, que haga justicia en serio, como la Mujer Maravilla.

¿Cuándo hacía aquel comercial de TV, pensaba que podía volverse una actriz requerida?

Al principio me hacía mucho la boluda con el tema de los sueños. Cuando me llamaron de “Vidas robadas” y dije que no lo busqué, molestó a mucha gente porque decían que abusaba de falsa humildad. Pero fui sincera, pasa que ser sincera no cotiza en la bolsa mediática.

Cuando una persona cumple sus objetivos tiene opciones, una de ellas le demanda fijarse otros nuevos, o replantearse lo que quiere.

¿Sus preguntas introspectivas tienen que ver con esto?

Sí, sé que me gusta lo que tengo. Pero también voy descubriendo qué cosas no doy a cambio de mi trabajo. Quiero crecer actoralmente, pero no me vendo, ni me interesa la sobreexposición aunque pierda guita.

Si sigue hablando así, no va a hacer la propaganda de shampoo…

Y bueno, quizás hago de caída del pelo (risas). ?

Fuente: 7 dias

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