Se estrenó en Uruguay Miss Tacurembó

Natalia Oreiro y el artista Martín Sastre unieron fuerzas para un proyecto insólito en Uruguay: un film musical que transcurre en Tacuarembó. La película, que adapta una novela del también artista Dani Umpi, fue hecha en tiempo récord. “Es como una mirada de otra generación sobre Uruguay”, dice Oreiro en referencia a lo que se ve a través de Miss Tacuarembó. “A vos te hablan de Uruguay y capaz que sentís que el país es un poco más gris; y no te imaginás un director vestido con un buzo rosado con un dibujo de Hello Kitty. Y sin embargo somos uruguayos y claramente la película lo es”.

El film es una comedia musical ambientada en el departamento del título, que cuenta la historia de una mujer que desde chica sueña con triunfar en el mundo de la música. El director con el buzo de Hello Kitty del que habla la actriz es Martín Sastre, un artista multidisciplinario uruguayo de 34 años, que desde hace casi una década trabaja en España con los proyectos más diversos, aunque uno de sus fuertes es el videoarte. La relación entre director y actriz tiene larga data y es un tanto distinta a la que une a otros directores con sus actrices. Es que comenzó cuando más de diez años atrás, Sastre integraba el colectivo artístico “Movimiento Sexy”, en el que estaba el artista-cantante-novelista Dani Umpi.

Umpi, nacido en Tacuarembó, había escrito una novela llamada Miss Tacuarembó, pero en ese momento era un manuscrito inédito. Así lo leyó Sastre, y ni bien terminó de hacerlo le dijo que quería adaptarla al cine con Natalia Oreiro de protagonista. Tiempo después el Movimiento Sexy realizó una performance muy sonada en la que le festejaron el cumpleaños a Oreiro. Ella asistió a esta rara performance artística y ahí Sastre le propuso la idea.

“En ese momento parecía bastante irrealizable”, recuerda el director, que había estudiado en la Escuela de Cine del Uruguay. A la vez que él y sus compañeros del Movimiento comenzaban sus carreras, Oreiro ya triunfaba en el Río de la Plata y en lugares remotos e impensados con su música y su trabajo en televisión.

“Me da la sensación de que la película estaba ahí, que ya existía en el éter”, dice el director. Su idea, en ese entonces, se ajustaba más literalmente a la novela y era diferente de lo que desde este viernes se verá en los cines. Por empezar, en ese punto no era un musical. Pero en cierto momento, dentro de su cabeza, el proyecto se liberó de ciertas trabas. “Empecé a dejar fluir la historia para otro lado y sentirla como algo más personal”, dice el director, quien tiene el visto bueno del propio Dani Umpi.

evolución. Aunque no haya sido un musical desde el comienzo, en la historia la música fue siempre importante. Por empezar muchos referentes para la protagonista eran estrellas de la música de la década del ochenta. Como esto fue evolucionando, Sastre llegó a la conclusión de que las canciones tenían que contar tramos importantes de la historia, y no ser meros puntos de inflexión o de descanso. Con esta idea se contactó con Ale Sergi, vocalista de Miranda!, para encargarle la composición de la banda de sonido.

“Todo tiene que ver con las ganas de uno de zafar del aburrimiento de verse y repetirse. Tal vez a la gente no le pasa lo mismo viendo del otro lado”, explica Oreiro. “Pero me pasaba desde hace algunos años que como actriz tenía la necesidad de bucear por otros lados y no reconocerme para no repetir cosas que había hecho antes”. En ese sentido, el trabajo en Miss Tacuarembó le ofreció la posibilidad de interpretar dos papeles con unos cuantos matices.

Por un lado hizo de Cándida, la villana, una mujer que se enfrenta a Natalia de chica. Joan Crawford, Bette Davis y Greta Garbo fueron los nombres de actrices del Hollywood clásico que le sirvieron de referencia para componer este personaje que, además, le demandaba largas sesiones de maquillaje. “Es muy mala. Es mi personaje favorito”, cuenta.

Y por otro lado, tuvo que interpretar a Natalia como adolescente y luego como adulta. Además, hizo la voz de Natalia como narradora de la historia, cosa que le exigió, cuenta, un trabajo particular. “Ella está como perdida, uno se encariña con el pesonaje porque ves el diamante en bruto en ella y te encontrás con una chica grande a la que le sale todo mal”.

Si por un lado los dos personajes y sus matices le permitieron a ella cambiar y explorar otras facetas del trabajo actoral, Sastre también tuvo oportunidad de explorar otros ámbitos, aunque reconoce que la película encaja con cierta coherencia dentro de su obra artística.

Por un lado, el aspecto estético de la película tiene mucho que ver con su obra previa. “Pero también están la historia y los giros bastante impredecibles, que es algo que me gusta mucho generar cuando hago un video. Incluso el recurso de que los personajes hablen telepáticamente, cosa que vengo haciendo desde hace tiempo”, agrega. No es algo que hizo intencionalmente ya que fue parte natural del proceso.

Claro que hacer corto o mediometrajes de videoarte no es lo mismo que una ficción de una hora y media o más. Pero el proceso, para el director, tiene sus raíces en su experiencia previa a la hora de editar e incluso concebir sus videos.

Y la década del ochenta no es solamente una presencia estética, ya que parte de la trama se ambienta en ese tiempo, sino que aporta algunos referentes para la dirección. Flashdance, mucho Flashdance, cuenta, pero también otras películas como Los Goonies y varias más estuvieron presentes implícita o explícitamente para poner en pantalla una historia de sueños y fantasías cumplidas e incumplidas, que se desarrolla en el Interior de Uruguay a lo largo de muchos años. No deja de parecer, a priori, una combinación improbable.

“Esta película tiene un color pop”, dice Oreiro. “Y creo que Uruguay no es tan pop, o por lo menos no se comunica que lo sea. Nosotros lo somos, todos los que trabajamos en la película. Es rioplatense pop”.

Mucho trabajo en cine
Recientemente Oreiro estrenó la película Francia, en Buenos Aires. El film fue dirigido por el uruguayo Adrián Caetano y filmado con perfil muy bajo. Ese fue apenas uno de los tantos pasos que ha dado la uruguaya para desarrollar sus inquietudes en el mundo del cine, buscando otros papeles, lejos de los esquemas televisivos. Pero además filmará antes de fin de año Mi primera boda, con Ariel Winograd, el aplaudido director de Cara de queso.

Fuente: El Pais Uruguay

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