Glee 3D , el musical que causa furor se estrena en Argentina

A punto de iniciar su tercera temporada en televisión, los chicos del coro llegan hoy al cine con un megaconcierto en 3D. La creación de Ryan Murphy ya es un fenómeno que le cambió la vida a sus protagonistas y hace cantar a millones alrededor del mundo.

El escenario: una típica escuela secundaria del interior estadounidense profundo, de esas que la televisión y el cine nos han mostrado hasta el hartazgo. Pasillos con lockers, el timbre que suena. Las porristas que se mezclan con los atletas del equipo de fútbol americano; y los nerds se alejan de ellos con la certeza de saberse excluidos. Hasta aquí, nada nuevo.

Pero en Glee –una de las series más exitosas de los últimos tiempos, creada por el mismo equipo de la transgresora Nip/Tuck, Ryan Murphy y Brad Falchuk, acompañados de Ian Brennan– nada es lo que parece. O sí, pero con ese toque particular que sólo Murphy sabe dar: todo lo que toca, parece, se convierte en oro dentro del mundo del espectáculo.
Hay una porrista –sí, la más linda de la escuela– que “vende” castidad y está embarazada, no de su novio, el jugador de fútbol bueno y dulce, sino del “pandillero” que, además, es judío y no lo reconoce. También está la fea pero talentosa, criada con aires de estrella por dos padres y enamorada sin remedio del novio de la porrista; y el chico en silla de ruedas, las gorditas, los asiáticos y el gay al que le tocará la difícil tarea de demostrar que los estereotipos, acá, no corren. El punto de unión será el profesor de español, que se redimirá reviviendo el Glee Club Nuevas Direcciones (glee significa alegría, y esa parece ser la premisa que mueve los guiones de Murphy), donde esos “perdedores” demostrarán que cantar y bailar puede lograr que quienes los rodean aprendan a verlos –y aceptarlos– tal cual son. Son personajes que expresan su dolor y sus deseos a través de covers de canciones de pop y rock de todos los tiempos y de, cuándo no, musicales de Broadway.

Con su tercera temporada recién estrenada, el fenómeno Glee ya superó con creces el fanatismo que había despertado High School Musical, un producto similar, pero bastante más naïf. Los fanáticos son adolescentes, sí, pero también gente de todas las edades que encontró en el show un espacio de identificación y disfrute que les permite, más que seguir la historia, admirar los impecables números musicales que los chicos de la secundaria McKinley preparan con el profesor Schuester. Murphy es muy inteligente y ha logrado que, entre otros, Madonna y Lady Gaga le den los derechos de sus éxitos para reproducirlos en la serie, y los musicales más famosos del mundo, desde West Side Story hasta The Rocky Horror Picture Show tuvieron sus capítulos especiales. Las estrellas de Hollywood se matan por aparecer allí –Gwyneth Paltrow tuvo un rol recurrente la última temporada– y aun aquellas que habían caído en desgracia, como Britney Spears (que actuará en pocas semanas por primera vez en Buenos Aires) accedieron a aparecer porque Glee les permitió revivir sus alicaídas carreras.

De ahí a la película, sólo había que sentarse a esperar. Y el largometraje que llega hoy a algunas salas 3D del país es la puesta en pantalla grande de una maquinaria tan bien aceitada que ya tuvo a las estrellas de programa –hasta ahora, todos ilustres desconocidos– en gira por 21 ciudades de los Estados Unidos y otros tres países, y más de medio millón de entradas vendidas.

Glee 3D, La película es nada más y nada menos que uno de esos recitales –la captura del Glee Live! In Concert Tour, en el IZOD Center, en Nueva Jersey–, filmado especialmente en tres dimensiones, para que las coreografías y los números de algunos de los hits que la serie ofreció durante sus dos primeras temporadas se luzcan tanto como sus protagonistas. Incluye, además, un backstage de los actores en personaje y tres historias de jóvenes a los que Glee, aparentemente, les cambió la vida (ver recuadro).
EXPERIENCIA 3D. Cory Monteith es Finn en la serie. Hasta hace tres años, era un ignoto actor canadiense, pero ahora está en firme carrera para convertirse en galán de comedias románticas juveniles: ya protagonizó Monte Carlo, junto a Selena Gómez y Leighton Meester, dos estrellas del mundo adolescente. Su papel en la serie es bastante similar, y él no reniega de eso: “Lo que tratamos de llevar al público durante los shows fue la misma experiencia del programa, pero más intensa; y yo soy siempre Finn Hudson cuando estoy sobre el escenario, todavía me emociona, y frente a 30 mil personas, aun más. No me olvido de quién soy en medio de todo esto, porque sé que todo se puede ir tan rápido como llegó”, confiesa. Para el actor, lo más atractivo de su personaje está no tanto en su talento –canta muy bien, pero como él mismo confiesa en un capítulo donde todos se ponen remeras con una frase que define sus limitaciones, no sabe bailar– sino en que “tiene un optimismo muy sencillo, el que tiene la gente cuando es joven antes de asumir el peso del mundo”, dice el actor, que durante el tiempo en que no filma o gira con el elenco de Glee invierte tiempo en su propia banda, Bonnie Dune.

Lea Michele hace de Rachel Berry, mandona, perfeccionista y con ínfulas de estrella de Broadway. En la vida real, Michele protagonizó Los Miserables a los ocho años, y tiene un caudal de voz que la misma Barbra Streisand –la ídola de Rachel en Glee– debe envidiar. Con Finn y Kurt (Chris Colfer, un actor debutante que ya ganó el Golden Globe por su papel de gay que se anima a salir del closet) son los tres personajes más populares de la serie. Juntos, protagonizan algunos de los números más emotivos del concierto –que conviene no adelantar– y en la serie compartieron capítulos míticos, como el final de la segunda temporada, cuando viajan a Nueva York y se suben a cantar al escenario del musical Wicked. “Me estoy muriendo por estar en Broadway. Ya dijimos en público que los dos queremos hacerlo (ese musical)”, confiesa Colfer, cuya exposición superó la de los dos protagonistas iniciales –Monteith y Michele– de un modo tal que, por primera vez en la usualmente pacata televisión adolescente estadounidense, Kurt consiguió un novio en la ficción (el líder principal de los Warblers, un conjunto de cantantes de una escuela privada de varones a la que en un momento se traslada) y dio a conocer a los más chicos los éxitos de artistas que no conocían, como Judy Garland. También integra, junto a Michele, la lista de las 100 personas más influyentes del mundo según la revista Time. “Pienso: ‘¿De dónde viene todo esto? ¿Cómo sucedió?’ Es realmente muy irreal”, se sorprende el joven actor. Para su compañera, de más experiencia –y edad–, el suceso también es nuevo, sobre todo porque el éxito de Glee era algo que no vislumbró antes de empezar: “Nunca se sabe por qué pasan este tipo de cosas: este programa tenía todo en contra, éramos losers que cantábamos canciones de musicales”, dice. “Pero finalmente resultó. En el primer capítulo, cuando cantamos ‘Don’t Stop Believin’ (NdR: un tema del grupo Journey, con el que el personaje del profesor parece estar obsesionado), ya me di cuenta de que algo iba a pasar.”

Dos años, una gira y un concierto en 3D después, parece que no hay límites. Sólo queda ver si, como sucedió con otras de estas estrellas adolescentes que brillan de golpe, lograrán superar a sus alter ego de ficción y mantenerse en carrera. Al menos, después de esta temporada, en la que muchos de los personajes egresan y siguen su camino. Como en la vida.

Por Inés Grevet – Tiempo Argentino

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